Aquel lunes por la mañana, cuando nos dirigíamos como de costumbre hacia el gimnasio para nuestra clase de pilates, no sabíamos todavía que nos toparíamos con un espectáculo de lo más desolador. Fue, en efecto, un auténtico choque cuando vimos el pésimo estado en el que se encontraba el gimnasio. Las puertas habían sido fracturadas, así como las ventanas, y en su interior todo estaba manga por hombro y roto…
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